Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Chateaubriand y las “Memorias de ultratumba”


ChateaubriandIrónicamente, el mismo hecho que para Fukuyama se podía señalar como el inicio del fin  de la historia es el que, en palabras de Fumaroli, posibilitó el redescubrimiento de Chateaubriand a partir de la caída del muro de Berlín y el cuestionamiento revolucionario de la izquierda hasta el momento aséptica a todo tipo de cuestionamiento. Hoy más que nunca sabemos que la historia no está muerta. En palabras de Manuel Cruz, “la historia, pues, nos ayuda a vivir el presente de la única manera que le es dado hacerlo: ayudándonos a entenderlo. Entender el presente –o aprender de él, como se prefiera- constituye sin duda una de las más arduas tareas pensables. Ella resume, en definitiva, el conjunto de respuestas que se han ido desgranando a las preguntas iniciales. Por un conocimiento del presente, como es obvio, pasan nuestras programaciones de futuro. Como también pasa por él la noticia del pasado. Aquello de que cada presente le dirige sus propias preguntas al pasado tal vez se pudiera expresar mejor, intentando soslayar las connotaciones innecesariamente relativistas de la formulación. La virtud de un presente se mide por su capacidad para liberar una determinada calidad y cantidad de pasado. Así, de poner un ejemplo a escala de individuos, la prueba de que alguien tiene una imagen equivocada de sí es su incapacidad para integrar en su identidad asumida un volumen importante de experiencias del pasado (efectos gnoseológicos de la identidad, podríamos llamar a la figura)”. Es precisamente bajo los efectos gnoseológicos de la identidad que el autor de las Memorias intentará abordar su particular Restauración al mismo tiempo que aplauda la necesidad de la Revolución marcando en todo momento, al igual que Tocqueville, sus riesgos y su sangriento emerger que en gran medida empaña su legitimidad.

CombourgBreve nota biográfica

François-René  de Chateaubriand nació en Saint-Malo en 1768. Creció en el castillo que su familia poseía en Combourg, Bretaña. Conoció a Luis XVI y la pompa de Versalles al ingresar en el ejército en 1786. Cuando estallo la Revolución en 1789 Chateaubriand ya  había empezado a escribir y frecuentaba los círculos literarios parisinos. Incluso antes que de que miembros de su propia familia fueran ejecutados y él mismo perseguido, se mostró partidario de la monarquía constitucional y absolutamente contrario al proceso revolucionario. En 1791, huyendo de la Revolución, visitó durante unos meses EE.UU. Esa breve estancia le inspiró sus novelas exóticas Les Nátchez (1800), Atala (1801) y René (1802), donde describió de forma viva y realista la naturaleza de los Estados Unidos.

Forzado a exiliarse en Londres

A partir de 1972 permanecerá siete años, durante el Reinado del Terror, en Londres. Escribió en ese entonces primer trabajo, Essai historique sur les Révolutions (1797).

Acercamiento a Napoleón Bonaparte

La restauración del estado confesional con la firma del Concordato con la Santa Sede, en 1801, le dio pie a creer que, de alguna forma, se restauraba el orden anterior a la Revolución. En una maniobra política conciliadora fue designado secretario de la delegación en Roma por Napoleón y después ministro de Francia en Le Valais, aunque no aceptó finalmente el cargo después de la ejecución del duque de Enghien en 1806. Separado del poder, se dedicó a viajar, por Francia primero y, después, en un largo periplo que lo llevó a conocer Grecia, Jerusalén, el norte de África y España.

Regresó  a la actividad política

Después de la caída del Imperio, Chateaubriand regresó a la actividad política y sus opiniones liberales le proporcionaron múltiples enemigos. En el gobierno de los Cien Días fue Ministro de Estado y se convirtió en par de Francia. Al regreso de Napoleón desde Elba, Chateaubriand pidió a Luis XVIII que permaneciese en el trono enfrentándose a Napoleón, pero aquél huyó a Gante y, con él, Chateaubriand.

2771364418_7afdfe14c1_oOcaso del héroe

En 1830 se negó a jurar lealtad a Luis Felipe lo que significó el fin de su vida política. Se retiró para escribir sus Memorias de ultratumba, publicadas a título póstumo entre 1848 y 1850, obra que se considera su trabajo más elaborado y que redactó durante cuarenta años. Murió en París durante la revolución de 1848. Como había pedido expresamente en su testamento, fue enterrado en la isla de Grand-Bé, un lugar al que sólo puede accederse a pie desde Saint-Malo cuando baja la marea.

Memorias de ultratumba

imagen.phpSe podría decir que las Memorias de ultratumba están a medio camino entre las Memorias de Saint-Simon y las Confesiones de Rousseau en tanto que Chateaubriand no intenta sólo describir el momento histórico que le ha tocado vivir sino que también da detalles más íntimos y personales. Se puede decir que es el padre del romanticismo francés. Víctor Hugo, siendo aún un niño, escribirá en un cuaderno: “Seré Chateaubriand o nada.”

Chateaubriand decide redactar estas memorias en Roma, a finales de 1803. Sin embargo no empezará a escribirlas hasta 1809. La idea original es escribir para testimoniar, a través de una visión lúcida, toda una época. El primer manuscrito, probablemente escrito mientras ejercía como embajador en Londres, no finalizará hasta 1826. Su idea entonces era titular este libro como Memorias de mi vida.

En 1830 decide darle un giro importante a su trabajo. Decide cambiar el título del proyecto por el de Memorias de ultratumba, hace una revisión a fondo del texto de 1826 y redacta nuevos volúmenes. Divide su vida antes de 1830 en tres periodos: el primero de soldado y viajero, el segundo de literato y el tercero el de estadista. Su idea es muy ambiciosa, ya que pretende reproducir la epopeya de la época en la que le tocó vivir representándola en su propia persona.

Tras algunas lecturas públicas de fragmentos de su obra en algún salón literario, en 1836 cede la propiedad de la obra a una sociedad que se encargará de publicarla a su muerte, y que le paga una fuerte suma, además de proporcionarle una renta. Una vez obtenida esta tranquilidad económica completa la obra con una cuarta parte en la que declara ser parte de las tres anteriores (viajero, literato y estadista). En 1841 redactará una amplísima conclusión.

Asistimos, así, al retrato de su infancia y juventud, al choque con la naturaleza en América, su vida en el exilio, el retorno… De todo se alimenta su obra que mediante la letanía y el tono de memoria permite la confesión. Siente la necesidad de explicar cosas que no ha explicado en otros libros, cómo es el caso de la historia de su infancia. Paulatinamente la muerte va ganando protagonismo de una forma insidiosa. La muerte siempre aparece de una forma aplastante.

ChateaubriandEn definitiva se da este <<nadar entre dos orillas>> que apuntaba Fumaroli, a saber, a medio camino entre el examen narcisista de la autobiografía y la objetividad ilusoria y omnisciente del historiador. Este juego le permite a Chateaubriand “alternar la narración íntima, como en el episodio patético de la muerte de su amiga Pauline de Beaumont en Roma con los cuadros de Historia pintados desde la perspectiva de un testigo que no está involucrado en la acción: el Terror que avanza de París antes de las masacres de 1972, la vuelta de los Borbones a las Tullerías, los Cien Días vistos desde el exilio de Gante, la <<Vida de Bonaparte>> descrita por un admirador del hombre de genio y por un adversario irreconciliable del déspota que ha institucionalizado el Terror. […] Con la Historia contada y rememorada por un testigo libre, que vive de sus propios sentimientos y de su propio pensamiento, se entrecruza un relato de vida personal, pero recordada con suficiente altura para no dejar de permanecer tangencial a la marcha grave, trágica o grotesca de la Historia. Hace coincidir el presente del narrador, sus sentimientos, sus pensamientos, su situación actuales, con su memoria de una época anterior de su vida y de su siglo: oportunidad constantemente renovada de establecer un paralelismo irónico y melancólico entre las diferentes edades del breve tiempo de una misma existencia individual y las diferentes facetas contradictorias del largo tiempo de la historia de las naciones.”

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Un comentario el “Chateaubriand y las “Memorias de ultratumba”

  1. Juan
    julio 20, 2009

    La presentación de Fumaroli es increible. Aunque también está muy bien la introducción de Ramonet en la edición de Alianza.

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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