Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

“Relatos autobiográficos”, de Thomas Bernhard


bernhardEsta semana me he comprado los Relatos autobiográficos de Thomas Bernhard. Aún no había leído nada del autor austriaco. He comenzado por El frío y me ha desarmado por completo. En esta primer lectura me ha llamado la atención algunos puntos de coincidencia con la obra de Fernando Pessoa como son el tema del fracaso, la megalomanía y la desconfianza en el lenguaje como medio para describir la realidad. Se da un similar sensación de falta de comunión con el mundo que los rodea, lo que provoca una fuerte sensación de melancolía. En ambos casos parece haber una escritura de lo irreal-imaginario que se traduce en desasosiego.

Fracaso:

“Había fracasado en todas partes, en casa, desde el principio, de niño, de joven, en el colegio de niño, de joven en el aprendizaje, siempre y por todas partes, aquella constatación me oprimía, convertía mi deambular por la ciudad en una carrera de baquetas, en todas aquellas calles y rincones y entre tosas aquellas personas había fracasado una y otra vez, había tenido que fracasar, porque esa era mi naturaleza tenía que decirme”. (Bernhard, El frío).

“En cada gota de lluvia mi vida fracasada llora la naturaleza. Hay algo de mi desasosiego en el gota a gota, en el chaparrón a chaparrón con que la tristeza del día se derrama inútilmente sobre la tierra.” (Pessoa, Libro del desasosiego).

Megalomanía:

“Mis pretensiones eran pretensiones megalómanas que un joven sigue poniendo muy alto, de forma que, sencillamente, no pueden ser aceptadas, pretensiones megalómanas frente a la vida, frente a la sociedad, frente a todo. Así, altanero, pidiéndolo todo, había tenido que existir siempre, sin embargo, con la cabeza baja” (Bernhard, El frío).

“Obedezca a la gramática quien no sabe pensar lo que siente. Sírvase de ella quien sabe mandar en sus expresiones. Cuéntase de Segismundo, Rey de Roma, que habiendo cometido, en un discurso público, un error gramatical, respondió a quien se lo hizo notar: <<Soy Rey de Roma, y estoy por encima de la gramática.>> Y la historia cuenta que desde entonces pasó a ser conocido como Segismundo <<supra-grammaticam>>. ¡Maravilloso símbolo! Cada hombre que sabe decir lo que dice, es, a su modo, Rey de Roma. El título no es malo, y el alma es serse.” (Pessoa, Libro del desasosiego).

Desconfianza en el lenguaje:

“El lenguaje es inútil cuando se trata de decir la verdad, de comunicar cosas, sólo permite al que escribe la aproximación, siempre, únicamente, una aproximación desesperada y, por ello, dudosa al objeto, el lenguaje sólo reproduce una autenticidad falsificada, una deformación espantosa, por mucho que el que escribe se esfuerce, las palabras lo aplastan todo contra el suelo y lo dislocan todo y convierten la verdad total en mentira sobre papel”. (Bernhard, El frío).

“Y así, en las imágenes sucesivas con las que me describo -no sin verdad, pero con mentiras-, voy quedando más en las imágenes que en mí mismo, diciéndome hasta no ser, escribiendo con el alma por tinta, útil tan sólo para escribir con ella. Pero cesa la reacción, y vuelvo a resignarme. Vuelvo en mí a lo que soy, aunque no sea nada. Y algo como lágrimas sin llanto arde en mis ojos rígidos, algo como una angustia que no tuve cubre de ampollas ásperamente mi garganta seca. Pero entonces ni sé lo que lloré, si es que lo lloré, ni por qué no lo lloré. La ficción me acompaña como mi propia sombra”. (Pessoa, Libro del desasosiego).

Ambas son dos formas distintas de plantear la relación entre la escritura y la realidad que intentan nombrar. Pero a su vez, en el intento de nombrar y por más sensación de fracaso que tengan Bernhard y Pessoa, lo que hacen es hablar de nosotros, de todos. Por eso, lo que hay de valor en su escritura no solo debería estar también en lo que nos dicen sobre nosotros al intentar escribir sobre ellos.

Biografía (fuente: Wikipedia)

OVT2_GThomas Bernhard nació en Heerlen (Países Bajos), el 9 o el 10 de febrero (no se sabe con certeza) de 1931 como hijo ilegítimo o natural de Herta Bernhard (1904-1950) y el carpintero Alois Zuckerstätter (1905-1940); quedó marcado por una infancia de grandes carencias económicas, afectivas y corporales (fue un enfermo crónico durante casi toda su vida). Murió el 12 de febrero de 1989, en Austria, dejando tras de sí una obra considerable que incluye 19 novelas, 17 obras teatrales y otros tantos libros breves o autobiográficos. En su calidad de testigo de la historia reciente y de su país, Austria, al que le unía una relación de amor-odio amarga y descarnada, su saga autobiográfica (El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño) aproxima a la realidad del ser humano doliente y hermético que analiza sin piedad el mundo que le ha tocado vivir. Ello lo convierte en un autor intenso, insoslayable, que hay que leer minuciosamente.

Bernhard pasó gran parte de su infancia con sus abuelos maternos en Viena y Seekirchen, Salzburgo (estado). El matrimonio de su madre (1936) con Emil Fabjan lo llevó a Traunstein, Alta Baviera. Tuvo un hermano que fue médico y le suministró material para su novela Trastorno y su pieza teatral El ignorante y el demente.

El abuelo de Bernhard, el autor Johannes Freumbichler, fue fundamental en la formación del joven: lo encaminó hacia una educación artística, incluyendo una enseñanza musical que le marcó profundamente. Bernhard fue a la escuela elemental en Seekirchen y más tarde asistió al internado Nacional Socialista (1942-1945) / Católico (después de 1945) Johanneum, que abandonó asqueado en 1947 para trabajar de aprendiz con un comerciante.

Debido a una intratable enfermedad pulmonar, Bernhard estuvo recluido desde 1949 a 1951 en el sanatorio Grafenhof. Esa experiencia lo reconcilió con la vida:

Quería vivir, y todo lo demás no significaba nada. Vivir y vivir mi vida, como quisiera y tanto tiempo como quisiera. Entre dos caminos posibles, me había decidido esa noche, en el instante decisivo, por el camino de la vida. Si hubiera cedido un solo instante en esa voluntad mía, no hubiera vivido ni una hora. De mí dependía seguir respirando o no. El camino de la muerte hubiera sido fácil. El camino de la vida tiene igualmente la ventaja de la libre determinación. No lo perdí todo, seguí teniéndolo todo. (El Aliento, 1978)

Se preparó como músico y actor en el Mozarteum de Salzburgo (1955-1957). Después de eso comenzó su carrera como escritor, que culminó en 1970, año en que recibió el Premio Georg Büchner de la Academia Alemana de Lengua y Literatura; en 1988 recibió también el Médicis. Al año siguiente, en 1989, falleció de paro cardiaco en su piso de Gmunden, Alta Austria, al cual se había trasladado en 1965. Su casa de Ohlsdorf es actualmente un museo; en el es curioso observar la presencia de cientos de pares de zapatos italianos de Bernhard, único rasgo de dandysmo que se permitió. En su última voluntad, Bernhard prohibió cualquier nueva puesta en escena de sus obras y la publicación de su obra inédita en Austria: siempre fue un antinacionalista furibundo, y entre todos detestó especialmente el nacionalismo austriaco. Su muerte fue anunciada sólo después del funeral. Está enterrado en el cementerio de Grinzing, en Viena.

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Un comentario el ““Relatos autobiográficos”, de Thomas Bernhard

  1. marta farreras
    agosto 2, 2009

    magnifica reseña de un libro tan recomendable como triste , pero es un momento para leerle con motivo de su vigésimo aniversario de fallecimiento de Thomas Bernhard,

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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