Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Una identidad que se escribe a sí misma


Esta semana he dado con la reedición de Yo, otro de Kertész editado por Acantilado. Un título que hace alusión directa al Je est un autre de Rimbaud y en cuya portada hay una cita a Fernando Pessoa, “yo no existía, yo era otro ‘[…] Hoy volví a ser de pronto el que era o el que soñaba ser.” Todos estos fragmentos hacen referencia a la relación entre narración, identidad y escritura.

En este sentido, siguiendo a Paul De Man, la autobiografía es el intento de realización de un tropo, de una figura retórica. Para De Man, la autobiografía es una metáfora del lenguaje que, en la constatación de la inaccesibilidad a lo real, sitúa sus fronteras en un intento condenado al fracaso. Esto es, explicar mediante el lenguaje lo que no se deja atrapar en la red significante.

Ante el aparente estatuto de verdad que se le confiere al texto autobiográfico que viene garantizado por el nombre propio y por los diferentes pactos de ficción, De Man se pregunta si podemos estar seguros de que la referencia del nombre propio es tan fiable como, por ejemplo, la que se da entre la fotografía y lo que ésta retrate. Por lo que se pregunta, “¿acaso no podemos sugerir, con idéntica justicia, que el proyecto autobiográfico puede en sí producir y determinar la vida y que cualquier cosa que haga el escritor está realmente gobernada por exigencias técnicas de autorretrato y por lo tanto determinada, en todos sus aspectos, por los recursos de su medio?”7. La pregunta no es baladí y da de lleno en el núcleo explicativo de De Man, ya que para él la autobiografía no será un género sino una figura de la lectura, un tropo. De tal modo que dos sujetos se determinan mutuamente en una sustitución reflexiva en el proceso de lectura. Es decir, una especie de estructura especular en la que se da un texto cuyo autor se declara el tema de su propia comprensión.

Encontremos en el libro de Kertész fragmentos que nos hacen reflexionar en el mismo sentido:

¿No esperáis de mí que formule mi pertenencia nacional, religiosa y racial? ¿No esperáis de mí que tenga una… identidad?Os lo revelaré: sólo poseo una identidad que se escribe a sí misma. (Ein sich selbst schreibende Identität).   ¿Qué más soy? ¿Quién puede saberlo?

Del mismo modo que Pessoa y Borges, Kertész parece invertir la pirámide hegeliana y sitúa a la literatura por encima de la ciencia y de la filosofía. ¿Por qué? Porque las condiciones de verdad en la construcción literaria pueden llegar a ser tautológicas en el sentido que lo plantea el escritor argentino en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.

Precisamente De Man aborda un planteamiento similar en el capítulo “Antropomorfismo y tropo en la lírica” de La retórica del romanticismo. En el artículo cita una de las máximas de Nietzsche para el que la verdad es una ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, etc… De modo que si se entiende la verdad como un tropo, la verdad seria la posibilidad de establecer una proposición. La verdad seria la posibilidad de definición por medio de un conjunto infinitamente variado de proposiciones. ¿No es esto Enciclopedia de Tlön? Algo parecido podría afirmarse con la heteronimia en Pessoa, múltiples ficciones literarias que pretenden llenar el espacio lógico. La aparente desconexión entre lo real, lo imaginado y lo escrito se hace patente en las reflexiones de los escritores a los que da nombre la obra escrita. Para los lectores Borges es Los jardines de senderos que se bifurcan, El Aleph…; Kertész es Sin destino, Yo, otro, … y Pessoa son los textos de Álvaro de Campos, Caeiro, Reis, Soares:

Me transformé en una figura de libro, una vida leída. Lo que siento es (sin yo quererlo) sentido para escribir que se sintió. Lo que pienso aparece enseguida en palabras, mezclado con imágenes que lo descomponen, abierto en ritmos que son algo distinto. De tanto recomponerme acabé destruyéndome. De tanto pensarme, soy ya mis pensamientos pero no yo mismo. Me sondeé y dejé caer la sonda; vivo pensando si soy profundo o no, sin otra sonda ya que no sea la mirada que me muestra, blanco sobre negro en el espejo del pozo alto, mi propio rostro que me contempla contemplándolo. (B.S. LdD).

Merece la pena visitar los escenarios en que se produjeron los acontecimientos decisivos de nuestras vidas, porque así tomamos conciencia de que no tenemos nada que ver con nosotros mismos. (I.K.).

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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