Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Contra la “identidad” de Philip Pullman


Estructurado en tres capítulos la propuesta de Philip Pullman, Contra la <<identidad>> intenta ahondar en la reflexión que se abre entre los conceptos o temas como <<identidad>>, <<autoría>>, <<narración>> y <<responsabilidad del autor>>. El primero de los capítulos o partes se titula “Contra la <<identidad>>”, el segundo “La responsabilidad del narrador” y el tercero “El gato, el escoplo y la tumba”. El libro está editado por Seix Barral, en la colección Únicos, cuesta unos 14 euros y consta de unas 64 páginas.

El primer capítulo, dedicado a la identidad, comienza estableciendo una distinción entre lo que somos y lo que hacemos. A partir de la distinción desarrolla 8 enunciados fundamentales. Los puntos sostienen la distinción inaugural argumentando la diferencia que hay entre ser y hacer. La identidad, para el autor, es una cuestión de los que somos y lo que hacemos. Lo que somos (contemplando, dentro de este “somos”, nuestra historia familiar, nuestra religión, etnia, etc.) no es moralmente vinculante, lo que hacemos si y ambos forman nuestra identidad. El capítulo es una especie de encomio a la tolerancia y una denuncia del fanatismo.

Aranguren en su Ética ya afirmaba que el infierno está empedrado de buenas intenciones. El planteamiento del primer capítulo no es muy original y se resume a una colección un tanto obvia en lo que se refiere a la reflexión sobre la identidad. A pesar de la obviedad o no del planteamiento, al ser la posición de un escritor, se hecha mucho de menos que la reflexión se vehícule hacia la importancia de la narración en la construcción de la identidad. En este “explicarnos” nuestra historia familiar, étnica, religiosa… la narración y la construcción de la identidad son imprescindibles y la obra pasa por encima dichos cuestionamientos. La semana pasada escribía sobre Imre Kertész y Yo, otro, un libro que ahonda precisamente en la formación de la identidad a través de la escritura. En él hacía mención a un fragmento increíble:

¿No esperáis de mí que formule mi pertenencia nacional, religiosa y racial? ¿No esperáis de mí que tenga una… identidad?Os lo revelaré: sólo poseo una identidad que se escribe a sí misma. (Ein sich selbst schreibende Identität).   ¿Qué más soy? ¿Quién puede saberlo?

Por no hablar de Pessoa, genio de la creación de identidades literarias diferenciadas, los heterónimos, que hace de la reflexión sobre la escritura y la identidad poesía en prosa en forma de fragmentos en el Libro del desasosiego:

Y así, en las imágenes sucesivas con las que me describo –no sin verdad, pero con mentiras- , voy quedando más en las imágenes que en mí mismo, diciéndome hasta no ser, escribiendo con el alma por tinta, útil sólo para escribir con ella.

Se extrañan reflexiones dirigidas al proceso narrativo que acontece en la construcción de la identidad en el primer capítulo de Pullman.

El segundo, “La responsabilidad del narrador”, tampoco aborda un tema nuevo. El capítulo abre con una par de preguntas sobre la relación entre arte y sociedad y si puede el arte hacer algo por mejorar el mundo. La reflexión se basa principalmente en la ética profesional del narrador. Para el autor, éste tiene un deber para con el lector y para consigo mismo en la correcta praxis de su profesión. Correcta praxis que se resume básicamente en un correcto uso del lenguaje y cierta responsabilidad casi moral del escritor por crear personajes y pasajes que faciliten la vida a los lectores. Cita a Samuel Johnson:

La verdadera finalidad de la escritura consiste en capacitar el lector para que disfrute mejor de su vida, o para que la soporte mejor.

Y luego a Walter Savage Landor:

No debemos presentar el lado más desfavorable de la humanidad, pues lo único que con ello logramos es que los malos piensen que no son peores que los demás, mientras, de paso, enseñamos a los buenos que no son buenos en vano.

Las citas no dejan de tener una carga de responsabilidad moral que no sé hasta qué punto estaría acorde con el proceso creativo del artista. Claudia Gilman en Entre la pluma y el fusil habla de la politización del intelectual que se desliza en dos polos: el compromiso de la obra y el compromiso del autor.

En este sentido, por lo que se refiere al compromiso de la obra ésta se puede formular en términos de estética realista o de estética de vanguardia. Según donde sitúe el autor el compromiso de la obra su ethos será diferente. Por ejemplo Cortázar situaba su obra en una estética de vanguardia y pretendía que al “romper” la forma, la sociedad o el mundo “cambiase” o fuese diferente. Su compromiso era con la obra, y, por ende, con la sociedad. Por el contrario Pullman no parece tener clara la distinción y parece abogar por cierta responsabilidad social y moral del autor. Parece abogar por cierto compromiso de la obra en términos de estética realista, a pesar de hacer una obra de fantasía.

El tercer y último capítulo, “El gato, el escoplo y la pluma” si que lleva la reflexión al proceso de creación y de narración de una obra. Comienza sentando un axioma interesante que explica parte de los planteamientos anteriores. Afirma un realismo de corte positivista al afirmar que cree en la ciencia. Este axioma es fundador porque de alguna manera explica el porque el uso de la tercera persona en su obra y el rechazo a la primera persona como modo de narración:

Cuando una novela se relata en primera persona, resulta obvio que la voz narrativa está <<fabricada>>: la voz que cuenta la historia pertenece a uno de le los personajes inventados por el novelista. Pero ¿qué ocurre cuando la historia está contada en tercera persona, por alguien a quien sólo podemos referirnos llamándolo <<narrador>>? Hablo del tipo de relato que empezó a pasarse de moda en el siglo XX, cuando el modernismo hizo casi obligatorio que la ficción se trasladara al lector mediante las fluctuaciones minuciosamente anotadas de tal o cual conciencia, o mediante las refracciones y desplazamientos de la experimentación formal.

Pullman se decanta por la narración omnisciente y despacha la narración en primera persona tachándola de <<fabricada>>. En este sentido, cabe remarcar, una reflexión de Sebald que recoge James Wood en Los mecanismos de la ficción:

Si tenemos un mundo en el cual las normas están claras, y en el que se sabe cuándo empieza la transgresión, creo que es legítimo, dentro de ese contexto, ser un narrador que sabe cuáles son las normas y quién sabe las respuestas a determinadas preguntas. Pero creo que esas certezas nos han sido arrebatadas a lo largo del curso de la historia, y que debemos reconocer nuestra sensación de ignorancia e insuficiencia en estos temas, y por tanto, intentar escribir de acuerdo con ello

En la obra de Pullman si que se sabe cuándo empieza la transgresión, por tanto es coherente que use un narrador que sabe cuáles son las normas y quién sabe las respuestas a determinadas preguntas.

En términos generales Contra la <<identidad>> es una obra bastante obvia para un lector ducho en reflexiones sobre la identidad, narración y escritura. Por lo demás ofrece algunos consejos útiles para la buena praxis en la narrativa. Un precio excesivo para las sesenta y pocas páginas del libro.

Philip Pullman (Wikipèdia)

(Norwich, 19 de octubre de 1946) es un escritor inglés, principalmente conocido por ser el autor de la trilogía narrativa La materia oscura. El primer volumen de La materia oscura, Luces del norte, obtuvo en 1995 el premio Carnegie Medal, concedido a las mejores obras del género infantil y juvenil. Además, una encuesta online realizada en 2007 le proclamó el más popular ganador de dicho premio en sus 70 años de historia. La serie completa se colocó en el tercer puesto de The Big Read, la encuesta sobre gustos literarios que organizó la BBC en el año 2003. En 2005 fue galardonado con el premio Memorial Astrid Lindgren.

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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