Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

“Sukkwan Island”, un derechazo al lector


Narrada en tercera persona, la propuesta de David Vann, último preimo llibreter,  presenta la terrible historia de un padre y un hijo que deciden convivir en una isla solitaria de Alaska. La relación familiar irá deteriorándose hacia la tragedia a causa de un padre que no consigue sostenerse y que arrastra a su primogénito a una espiral de autodestrucción que marcará el ritmo y el tono de la obra. Así, se lee en la página 73: “…tenía miedo de caer, él también, como si su padre lo arrastrara.”

Estructura

La obra está narrada a través de un narrador omnisciente y consta de dos partes. Desde el punto de vista del género se podría decir que la obra está a medio camino de la novela psicológica y de la novela de formación, en el más terrible de los ejemplos si nos atenemos al personaje que encarna Roy en el papel del hijo de trece años.

La novela psicológica, es el relato cuya intriga se origina a partir del análisis y descripción del mundo interior y de la evolución psicológica de los personajes. Por otro lado, la novela de formación es un tipo de relato cuyo protagonista va desarrollando, a lo largo de la historia narrada, su personalidad en esa etapa clave que va desde la adolescencia a la madurez. En dicho período el personaje moldea su carácter y su destino en constante contacto con la vida, que le sirve de escuela de formación a través de las más diversas experiencias.

Bajo esta estructura se desarrolla la novela que en la primer parte narra el desembarco de los protagonistas en la isla. Poco a poco el narrador va dando pistas de qué es lo que hacen en la isla. En principio se trata de una experiencia de un año en el que tendrán que sobrevivir al invierno de Alska y, de esta manera, estrechar lazos. Lo que en un primer momento parece la “normal” diferencia generacional entre padre e hijo, pronto deja entrever una disfuncionalidad que tiene en el personaje del padre el principal eje y de la que se intuye que tendrá un final trágico.

El escritor americano David Vann

Un derechazo que deja K.O al lector

A través de un ritmo que no da tregua, Vann va tejiendo un universo perverso en el que Roy se ve atrapado y del que no puede escapar. Una de las primeras preguntas que asaltan al lector cuando detecta la tragedia es cómo se justifica que el hijo decidiese acompañar a tal padre todo un año a una isla deshabitada. El personaje intuye que si no lo hace, su padre acabará cometiendo suicidio. [Voy a develar parte importante de la obra]. El ambiente de la novela en este punto se vuelve opresivo hasta el punto que Roy presencia dos intentos de suicidio del padre. El primer no tiene éxito y el segundo le cuesta la vida. No al padre, sino al hijo. Este giro es de una efectividad impactante. Cortázar afirmaba que si la novela gana por puntos, el relato lo hace por K.O. No es este el caso de Sukkwan Island que al final de la primera parte engancha un derechazo al lector que lo deja totalmente fuera de juego.

Por lo que se refiere a la novela de formación, estamos acostumbrados a que dicho tipo de obras no tengan estos giros. El personaje suele formar su carácter y destino a través de experiencias vitales. Este es el caso también. Pero el destino final, en la novela de Vann, es perder y lo hace de tal manera que el lector no es el mismo cuando termina de leer la escena. [Voy a develar parte importante de la obra]. Roy descubre a su padre con una magnum del calibre 44 en la mano, jugando a suicidarse en un intento patético y perverso de narcisismo. No lo consigue, evidentemente, le entrega la pistola a su hijo de trece años y se marcha a caminar. Leemos en la página 125: “Roy lo observó marcharse hasta que desapareció entre los árboles, después miró la pistola que tenía en la mano. El percutor estaba echado y veía el cartucho de cobre en el interior. Bajó el percutor con la pistola apuntando lejos de él. Después echó el percutor hacia atrás, se puso el cañón en la sien, y disparó.”

Así termina la primera parte que da paso a una segunda en la que el padre descubre el suicido de su hijo y comienza una espiral de enajenación que lo llevará, en una particular novela de (des) formación, a asumir la responsabilidad de parte de sus actos. Hasta que hacia el final de la obra llegue a reconocer que “simplemente no había entendido nada a tiempo”.

Estilo

El estilo de Vann es implacable. Utiliza frases cortas que en muchos fragmentos recuerda a Faulkner y McCarthy. Concretamente, encuentro paralelismos entre Susswan Island e Hijo de Dios en los que el estilo, el ritmo y la cadencia parecen estar haciéndose guiños:

Sukkwan Island; David Vann; Ediciones Alfabia; 210 páginas

Cuando volvió, miró a Roy de nuevo y apartó la vista y se preguntó cómo iba a llevarlo. No podía tirarlo en la lancha así. Pensó en las bolsas de basura pero de nuevo empezó a llorar y gritar. No es una puta basura. Así que cuando volvió a calmarse tendió un saco de dormir, envolvió a Roy, subió la cremallera y ató la parte de arriba con el cordel. Se echó a Roy al hombro y lo llevó hasta la lancha.

Más tarde la volvió a meter en la otra habitación. Era un cuerpo inerte y de muy difícil manejo. Sus huesos yacían sueltos dentro de la carne. La cubrió con los trapos, se acercó de nievo al fuego, lo azuzó tanto como pudo y se tumbó en la cama mientras lo miraba fijamente.

La utilización del estilo indirecto libre hace que la barrera entre narrador y personaje se desdibuje. James Wood en Los mecanismos de la ficción afirma que “gracias al estilo indirecto libre, vemos cosas  través de los ojos y el lenguaje de los personajes, pero también a través de los ojos y el lenguaje del narrador. Habitamos en la omnisciencia y la parcialidad a un tiempo. Se abre un vacío entre el autor y el personaje”. Por ejemplo, cunado leemos en la página 187: “Se sentó en una mesa en un rincón y observó sus manos cerradas con fuerza. Cuando finalmente acudió, la camarera no pareció reconocerlo, aunque lo había visto años atrás. Tampoco parecía famoso por lo que había ocurrido en las islas. Había imaginado que el suceso atraería más atención”.  ¿Quien habla cuando se afirma ” aunque lo había visto años atrás. Tampoco parecía famoso por lo que había ocurrido en las islas”, el narrador o el personaje? Como dice Wood, “la ironía del autor (emerge) cuando el espacio entre la voz del autor y la del personaje parece desvanecerse por completo; cuando la voz del personaje parece haberse apoderado de forma rebelde de toda la narración”.

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Esta entrada fue publicada en agosto 10, 2011 por en Libros y etiquetada con , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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