Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Penélope, la Parca y Narciso


Enterrado en un montón de papeles está el artículo sobre Paul De Man que tengo que leer sobre la autobiografía. No sé si por fidelidad a ciertos principios de carácter estético, o por desidia, intento que mi escritorio se parezca en algo al baúl de Pessoa. Como si la disposición física de los textos pudiese conferir cierto pathos del que sentirme orgulloso. Como el portador de un secreto que los demás no son capaces de aprender.

A la hora de la verdad todo solipsismo acaba degenerando en onanismo mental, una suerte de galimatías que, ni bien se profiere, cae por su propio peso, como los argumentos de un niño tímido que no se atreve a decir que quiere un juguete y que, después de contar en silencio hasta tres, cuando consigue ahorrar valor y articular unas palabras es para decir que no le pasa nada.

Por eso, cuando me preguntan cómo va, no encuentro las palabras que suenen coherentes. Entonces me enfado conmigo mismo y lo que en un principio se presentaba como una pregunta de cortesía acaba convirtiéndose en la mecha de una derrota con aires de tragedia. A veces puedo resultar insoportable.

Como insoportable fue el verano pasado. En una noche de agosto, en la que el calor no me dejaban dormir, me aproximé a la ventana de mi pequeño cuarto para refrescar el cuerpo agotado de tanto sudar.

La brisa me trajo el olor a la solitaria calle de la entrada y una imagen que no puedo olvidar. En el cuarto vecino, en el edifico de enfrente, una mujer tejía sin parar con una obstinación tan enfermiza como hermosa.

La primera figura que me vino a la cabeza fue la de Penélope tejiendo para Ulises en Ítaca. Pero cuando me fije detenidamente en los rasgos de la imaginada Penélope, sus ojos parecían decir algo diferente.

Su mirada era familiar. De repente, comprendí que en vez de Penélope era la Parca del destino que tejía mi historia y le quedaba poca lana. A pesar de lo trágico, la mujer continuaba pareciéndome hermosa.

Observé mis libros como en una despedidad no programada. Mis escritos atestaban una sentencia por la que no había sido juzgado. Entonces, me desperté del sueño y recordé un juicio de Tom Wolfe que afirmaba que “las historias de escritores que escriben historias lo único que enseñan es la decadencia de una cultura narcisista”. Me miré en el espejo, sonreí y pensé, o quizás recordé, que la referencia al nombre propio siempre es circunstancial y nunca necesaria.

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Esta entrada fue publicada en enero 16, 2012 por en Notas y etiquetada con , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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