Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

El #lectoespectador y la ‘retoricidad’ de la pantalla


La adecuación de un modelo teórico al campo de estudio que pretende explicar es siempre motivo de debate. El lectoespectador de Vicente Luis Mora, Seix Barral (2011), no hace un feo a la máxima y se abre al diálogo al exponer una marco teórico para entender al hombre y la crítica literaria a través de una cosmovisión en la que prima la imagen sobre la letra. Aunque desde el principio advierte, “la letra no basta pero quizá, como luego veremos, la imagen tampoco, por eso la cosmovisión del siglo XXI se conforme probablemente a través de internextos, de formas textovisuales”. (p-11)

Antes de empezar con la obra de Mora me permito un rodeo que no puedo evitar. A mediados de los setenta, el Commitee on Research Activities de la Modern Language Association encargó al crítico americano de origen belga Paul de Man que escribiese un artículo sobre teoría literaria que el mismo comité rechazó dado, según recoge De Man en La resistencia a la teoría, publicado por la Universidad de Minnesota tres años después de la muerte del autor en 1986, a que, en palabras del crítico, “la teoría literaria consiste en la imposibilidad de su definición”. En el artículo, el teórico se posicionaba en el debate que venía acechando a la teoría desde la década de los sesenta, y que la declaraba como un obstáculo para la investigación, respondiendo que un “método que no puede acoplarse a la ‘verdad’ de su objeto sólo puede enseñar ilusiones”.

La resistencia a la crítica clásica (entendida como un conjunto de saberes que arrogan luz sobre una obra) en De Man viene de la mano de lo que el crítico llama la retoricidad del lenguaje. Postula que el significado de palabras o proposiciones no se caracteriza por ser “fijo” sino ambiguo. A causa de la ambigüedad de ciertos pasajes, palabras o proposiciones reparamos en que el significado no opera como la teoría literaria prevé y, por lo tanto, no se comprende desde un punto de vista lingüístico, lógico y gramatical.  Para salvar este escollo es necesario un abordaje retórico, figurativo.

En ese entonces De Man planteó los términos de un debate entre una manera obsoleta y una nueva manera de entender la teoría. Leemos en la página 22 de La resistencia a la teoría: “La literatura implica el vaciado, no la afirmación, de las categorías estéticas. Una de las consecuencias de esto es que, mientras que hemos estados acostumbrados tradicionalmente a leer literatura por analogía con las artes plásticas y la música, ahora debemos reconocer la necesidad de un momento no perceptivo, lingüístico en la pintura y en la música y aprender a ‘leer’ cuadros en lugar de ‘imaginar’ significados” (p-22).

Espero que me puedan perdonar la pedantería de la que no he sabido prescindir para hablar de El lectoespecatdor. Y no he podido prescindir por varios motivos entre los que podemos decir que De Man es un autor citado por Mora y porque hay ciertas similitudes entre los planteamientos de ambos críticos. Asimismo, y como señala en el prólogo del libro, la obra pretende generar diálogo y tiene el valor de enmarcar un debate, al que tarde o temprano todo aquel que se dedica a la literatura acaba enfrentando y que hace referencia a cómo estar a la altura de nuestro tiempo, exponiendo al lector a una nueva cosmovisión que contrasta con una obsoleta mirada al presente teconológico.

Bajo esta premisa el autor despliega en 17 capítulos (contando prefacios, apéndices…) una determinada visión del mundo, de la literatura y de la crítica en la que la tecnología que nos conforma como hombres hoy tienen un papel importante. Grosso modo la filosofía se puede dividir en tres grandes grupos: la metafísica (que da cuenta de cómo es el mundo); la epistemología (que da cuenta de  cómo conocemos el mundo) y la lógica (que da cuenta de qué razonamientos son válidos). De forma similar, Mora expone cómo es el mundo hoy: Pangea; cómo se conoce este mundo hoy: a través de la imagen, y en el caso de la lectura a través del lectoespecatador, y expone algunos silogismos en la era de internet. Así, y aunque no están citados directamente en libro, se pueden leer en la cuenta de Twitter del autor algunas de sus consideraciones sobre las redes sociales:

[…]

Pangea es la palabra sobre la cual Mora explica la interconexión de un mundo en el que Internet ha borrado fronteras y en la que la primacía de la imagen está cambiando completamente los esquemas epistemológicos y metodológicos del hombre del siglo XXI. Este predominio de la imagen le lleva a postular el lectoespectador como ese lector que, volviendo a De Man, ‘lee’ pantallas y, en este caso, interactúa con ellas. Y le lleva a postular el concepto de internexto, que “entiende el texto como un concepto estructuralmente ‘deslizante’, capaz de diversas ideas y vueltas entre los medios virtuales y los físicos, y considera la Red no como un cauce o un canal, sino como material en bruto que puede ‘atravesarse’ o ‘utilizarse'” (p-73). Una vez más, encuentro similitudes con algunos planteamientos de De Man para el que si el significado, lo que una palabra, pasaje o texto dicen no puede ser desentrañado a la luz de una lectura tutológica, es porque las palabras, los textos dicen más de una cosa y en ocasiones cosas diferentes. De manera que el significado circula a través de los hablantes  o de los lectores y no es otra cosa que esa circulación. Nunca está dado o realizado como diría un hegeliano, en el texto sino desplazado. Ya que al fijar un posible significado se está fijando algo en constante circulación, con lo que hay una desfiguración del mismo. La tarea de la crítica, así, no consiste tanto en un desvelamiento como en un velamiento del significado del texto, ya que es en ese velar lo indefinido que se consigue dar una forma a aquello que carece de ella. Algo similar leemos en la página 73 de la obra de Mora: “El internexto contempla a la palabra en su dimensión viajera y a la imagen como parte de un discurso superior y circulante, en el que la <<literatura>> es un término que requiere de una nueva definición con cada propuesta artística nueva”.

Esto, trasladado a la crítica literaria exige una nueva metodología que “a diferencia de la tradicional, que crea un texto nuevo o diferente frente al texto originario, la crítica nube podría significar una novedosa ‘intervención’ sobre un texto ya existente”. La solución propuesta por Mora resulta interesante y daría cuenta de la intertextualidad que lleva a De Man a postular la retoricidad del lenguaje, en este caso la retoricidad de la pantalla “Por lo que la crítica intenta es “ver más, esclarecer sentidos, establecer vínculos, contextualizar, discurrir sobre lo ya escrito, sea para dirimir su lance o para ensanchar su horizonte de entendimiento. La crítica es por naturaleza ‘hiperescópica'” (p-134-135)

La temática de El lectoespectador va más allá de los tres puntos que he esbozado con especial atención a la concepción de la crítica del autor. Valoraciones a favor y en contra de la obra dan cuenta de otros aspectos importantes a tener en cuenta como los análisis económicos, argumentaciones teóricas sobre Facebook, sobre la percepción fractal y un largo etc. y ambas reconocen, asimismo, el valor de generar debate de la obra. Mi artículo sobre el libro es una lectura parcial enfocada al tema mentado y la relación con algunos de los puntos sobre la teoría de la referencialidad de Paul de Man que he arriesgado extrapolar.  Este punto junto con el hecho de que como marco de debate sienta un muy buen cuadrilátero es lo que más me ha interesado de la obra. Vicente Luis Mora cita a Nietzsche a través del crítico americano y apunta que la condición de posibilidad de la modernidad es el deseo de borrar todo lo que vino antes. Para acabar me gustaría parafrasear al filósofo alemán y decir también que en la era del lectoespectador:

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2 comentarios el “El #lectoespectador y la ‘retoricidad’ de la pantalla

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Esta entrada fue publicada en enero 21, 2012 por en Escritores, Libros y etiquetada con , , , , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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