Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

¿Es el amor eterno?


Para más de 3.000 internautas la palabra ‘amor‘ fue, en 2006, de entre 7.130 palabras propuestas, la más hermosa del castellano. Durante 21 días, la página web de la Escuela de Escritores permitió votar por la palabra que consideraban más bonita. De los 41.022 votos, ‘amor’ se llevó 3.364, convirtiéndose en la preferida por delante de términos como ‘libertad’ (1.551), ‘paz’ (1.181) y ‘vida’ (1.100). Entre los seguidores de palabras como ‘azahar’, ‘libélula’, ‘albahaca’ o ‘lapislázuli’, que quedaron relegadas a posiciones marginales, se comentaba que la gente se había dejado guiar no tanto por la belleza fonética de la palabra como por su contenido.

El hecho, no por anecdótico menos interesante, ponía de manifiesto la importancia de una palabra polisémica de difícil descripción que juega un papel importante en la vida de las personas. Entre las diferentes acepciones que se asocian al ‘amor‘ una de ellas es la que hace referencia al amor romántico que tanta literatura ha generado y genera. Parece que la primera aparición documentada del término ‘romántico’ se debe a James Boswell a mediados del siglo XVIII, y aparece en forma adjetiva para referirse al aspecto de Córcega. Este término hace referencia a lo inefable, aquello que no se puede expresar con palabras.

La ópera Tristán e Isolda está considerada una de las obras maestras del romanticismo. Escribía Richard Wagner a Franz Liszt en 1854 afirmando que si bien nunca “había disfrutado de la verdadera felicidad del amor”, erigiría, no osbtante, un monumento en el que, “desde el principio hasta el final, el amor, por una vez, encontrará una total realización”. Entre los valores que comparte el romanticismo están el rechazo al racionalismo de la ilustración, el ensalzamiento del genio, de la intuición, del irracionalismo, la búsqueda de una idea o de una verdad perdidas.

Es interesante ver cómo Lars Von Trier escogió dicha ópera como banda sonora para su última película, Melancolía. De hecho, estos días se ha podido asistir a un interesante recorrido cinematográfico por tres películas que tratan el amor de diferentes maneras: Jane Eyre, Crepúsculo y el citado filme del director danés (Esta última la única que se puede considerar una obra de arte). Afirmaba Lars Von Trier sobre la cinta, “la melancólica, busca el dolor y el drama. Añora algo que realmente tenga valor, y eso implica sufrir. Es nuestra forma de pensar. La melancolía nos parece más sincera. Preferimos la música, las artes plásticas con un toque melancólico. La melancolía en sí se convierte en valor. El amor infeliz y no correspondido es más romántico que el amor compartido, porque este último no nos parece del todo real, ¿verdad?”

La película pone en el punto de mira la posibilidad de las relaciones hoy a través del cuestionamiento de los rituales. Von Trier sostenía, que “estaría bien que hubiera algún valor más allá del ritual. El ritual es como una película. Tiene que haber algo en la película. La trama de la película es el ritual que nos lleva a lo que hay en el interior. Si hay algo dentro y más allá, puedo entender el ritual. Pero si el ritual es hueco, si ya no es agradable hacerse regalos en Navidad, si no se disfruta con la alegría de los niños, entonces eso de poner un árbol en el salón no tiene sentido”.

Estos días en Barcelona se puede disfrutar de una gran obra de teatro que profundiza sobre el amor hoy. Sé de un lugar de Iván Morales es una obra que, como señala Albert Lladó, escenifica “el ‘amor después del amor’, la auto-exigencia de relacionarnos más allá de los discursos hechos, de lo trazado de antemano”.

A principios de año, y en relación con el romanticismo, la realidad pareció querer cobrar cierta deuda de mimetismo a la ficción. El mes pasado se publicaba una noticia que se hacía eco de un suceso digno de un guión de Tim Burton. Un tailandés se desposaba con el cadáver de su novia muerta en un accidente en una escena que hacía recordar a La novia cadáver de Burton. “Nuestro amor fue algo muy grande, pero por lástima no podemos viajar al pasado y cambiarlo. La vida es corta, hoy cumplo mi deseo y agradezco a todos los que están presentes” afirmaba el joven.

Apunte económico

Aunque por muy bonito, o siniestro, que pueda resultar el amor, parece que en tiempos de crisis la cosa no funciona, ya que ocho de cada diez españolas (81%) priman la posición económica de su pareja sobre el atractivo físico (19%), según una encuesta telefónica realizada entre 1.500 personas de toda España en el último trimestre del pasado año. ¿Será la crisis capaz de quitarle la venda de los ojos a cupido y adaptar la máxima marxista, la que decía que la revolución estaba reservada a la burguesía, para proclamar que sólo los ricos podrán amar?

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Esta entrada fue publicada en febrero 14, 2012 por en Notas y etiquetada con , , , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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