Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Lisbon, revisited (2012)


…Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-, transeúnte de ti y de mí, extranjero aquí como en todas partes, tan casual en la vida como en el alma, fantasma errante por los salones del recuerdo envuelto por el ruido de ratas y de maderas que crujen en el castillo maldito de tener que vivir. Otra vez vuelvo a verte, sombra que pasa a través de las sombras y brilla un instante a una fúnebre luz desconocida y se adentra en la noche cual estela de barco al perderse en el agua que dejamos de oír… Otra vez vuelvo a verte, pero, !ay, a mí no vuelvo a verme! Se ha roto el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico y en cada fragmento fatídico sólo veo un pedazo de mí –un pedazo de ti y de mí

Fui a Lisboa por trabajo y con la maleta llena de citas como la que abre el post. Un par de entradas atrás escribía que la mención al referente no es garantía de calidad literaria. La crónica se intenta alzar como una especie de nuevo “boom” en el que la realidad es garante de algo “autenticamente” literario, si algo así es posible. La crónica plantea cierta excelencia literaria en una dirección de la relación realidad-ficción. En Lisboa caminé siguiendo los pasos de Bernardo Soares por la Rua dos Douradores y me acerqué al Tajo con las gafas de Campos . La relación mentada se me antojó más interesante en la otra dirección, en la dirección ficción-realidad.

Llegué el 21 de marzo por la noche. Un taxista instruido me llevó a la plaza del Rossio y me puso al día en quince minutos sobre la huelga de transportistas que estaba convocada para el 22. El taxista no estaba de acuerdo con la protesta, sostenía que los funcionarios no tenían motivos para quejarse. Vaticinó que la crisis duraría cinco años y que el futuro estaba en ser competitivos en las nuevas tecnologías. Después de la perorata me preguntó qué iba a hacer y le dije que iba tras los pasos de Pessoa. Se giró, hasta el momento sólo usaba el retrovisor para mantener contacto visual, y me miró cómo si fuera un bicho raro. A día de hoy no sé si fue porque se extrañó de que alguien investigase a un escritor o por lo contrario. En cualquier caso, se despidió de mi de una manera afable y me deseó suerte.

El 22, el día de la huelga, tenía la entrevista por la tarde. Por la mañana paseé por Lisboa siguiendo los pasos de Soares. Antes de dar con la Rua dos Douradores tenté la suerte y le pregunté a un policía cómo llegar al lugar. Estaba tenso, aún no habían comenzado las manifestaciones,  y me contestó con un rictus serio y cara de pocos amigos. Para ser sincero esperaba ver más gente concentrada pero en Lisboa todo parece ir a otra marcha. Es como si el tiempo quisiera pasar expresamente más despacio en la ciudad. Llegue a la rua y la recorrí de arriba a bajo. En la calle se encuentra  la antigua casa Pessoa y donde Soares sitúa la oficina en la que trabaja para el patrón Vasques como ayudante de tenedor de libros:

Y, si la oficina de la Rua dos Douradores representa para mí la vida, este mi segundo piso, donde vivo, en la misma Rua dos Douradores, representa para mí el Arte. Sí, el Arte, que vive en la misma calle que la Vida, aunque en un sitio diferente, el Arte que alivia la vida sin aliviar el vivir, que es tan monótono como la misma vida, pero sólo en un sitio diferente. Sí, esta Rua dos Douradores encierra para mí todo el sentido de las cosas, la solución de todos los enigmas, salvo el hecho de la existencia misma de los enigmas, que es lo que no puede tener solución.

Por la tarde tendría la entrevista y después me enteraría que los disturbios se saldaron con algunas agresiones. En las portadas de los digitales se veía a un policía cargando contra una fotógrafa de AP. De vuelta al centro de Lisboa todo seguía en calma. Me ausenté una hora y no se percibió el más mínimo conato de manifestación. Una solitaria papelera en cenizas atestiguaba en la plaza del Rossio que algo había pasado. La ciudad, aún en huelga, estaba tranquila y en su conjunto se me presentó como la Rua dos Douradores para Soares. Una ciudad en la calle de la vida, aunque en un sitio diferente, una ciudad que alivia la vida sin aliviar el vivir.

Al día siguiente tenía una nueva entrevista y más sorpresas en las que Pessoa era protagonista, una vez más. Fui a Lisboa por trabajo y con la maleta llena de citas. Ya había visitado la ciudad a través de la literatura. Por eso me parece más interesante el camino que se hace de la ficción a la realidad. Porque crea un universo. Porque provee unas gafas con las que mirar un mundo miope.  Revisité Lisboa siguiendo el mapa de Soares y con la gabardina de Campos y otra vez volví a ver la ciudad y el río y todo, transeúnte de ella y de mí, extranjero aquí como en todas partes, tan casual en la vida como en el alma, fantasma errante por los salones del recuerdo envuelto por el ruido de ratas y de maderas que crujen en el castillo maldito de tener que vivir. Otra vez volví a ver la ciudad, sombra que pasa a través de las sombras, negro sobre blanco, y brilla un instante a una fúnebre luz desconocida y se adentra en la noche cual estela de barco al perderse en el agua que dejamos de oír…

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2 comentarios el “Lisbon, revisited (2012)

  1. Pingback: ¿Qué Lobo Antunes es aquél que hace sombra en el mar? « Entre Fragmentos

  2. Miss Underwood
    abril 20, 2012

    Maravillosa Lisboa

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Esta entrada fue publicada en abril 8, 2012 por en Escritos, Notas y etiquetada con , , , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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