Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Emprendedores, arquitectura del lugar común


La verdad es algo que se construye, no se halla. La manera en que se forman conceptos que parecen dar cuenta de la realidad es un ejemplo de cómo la arquitectura del lugar común crea un espacio donde habita el cliché. Siempre ha sido así. Desde que el hombre es hombre ha recurrido a la ficción para dar cuenta de aquello que comprende y aquello que no.

Lugares comunes los hay en todas partes: ‘la vida es dura’; ‘el fútbol es así’; ‘no hay dos sin tres’… La crisis, no por tener algo especial en sí, sino por ser algo que aconetece a los hombres, también da lugar a la formación de ciertos pastiches que pretenden dar a las personas la misma tranquilidad que nuestros antepasados buscaban en las ofrendas a los dioses y que el lugar común parece dar al desasosiego que provoca vivir.

Hoy se hacen sacrificios en forma de recortes y promesas a los mercados como antes se hacían sacrificios de vírgenes a las deidades. Es interesante escuchar cómo se nos dice que hoy hemos de ser emprendedores para salir del situación en la que estamos. Los políticos se llenan la boca sosteniendo que se tiene que fomentar y apoyar a los emprendedores. Todos los tertulianos, de una u otra manera oan a la capacidad emprendedora como medio para salir de la crisis.

Para la RAE, ‘emprendedor’ es aquel que emprende con resolución acciones dificultosas, que es activo y decidido. Emprendedores los ha habido siempre. Bajo esta acepción emprendedor es el joven estudiante que trabaja para pagarse una carrera; los padres que hacen malabares para sostener a una familia; los funcionarios que “hacen menos con más y mejor” y un largo etc.

Siempre ha habido gente que se ha hecho a sí misma, a la que no le han regalado nada. Aún así se utiliza la palabra, como queriendo responsabilizar a las personas que sufren de forma especial la exclusión social que la crisis está generando, argumentando que si están como están es porque no son suficientemente emprendedores.

En una de las primeras redacciones en las que trabajé un día apareció un nuevo jefe con medallas que se dirigió a todos con cara de político y nos pidió más frescura en los textos. Cuando le pedimos qué quería decir con más frescura y que nos diera un ejemplo para poder comparar, se limitó a balbucear. Vendedores de humo. Con el término ‘emprendedor’ pasa algo similar. No para de oírse por todas partes ‘se tiene que apoyar a los emprendedores’, ‘hay que ser emprendedores’, ‘el futuro del país está en mano de los emprendedores’. Pero ¿qué es ser emprendedor? ¿tenemos todos que ser emprendedores?

Si con el término se refiere a las PYME y a los autónomos, ¿porque no decirlo así? Ayer el ministro Montoro anunció la subida del IVA (la promesa electoral del PP de no subir el impuesto ha quedado sepultada bajo, aparentemente, las exigencias del dios mercado). Montoro hizo el anuncio precisamente en el curso de verano de la Universidad Complutense “Emprendedores autónomos: creadores de empleo”. España va a subir el IVA, una de la exigencias europeas por la ayuda a la Banca.  El ministro, con el fin de aumentar el crédito para los emprendedores- ha considerado necesario reducir el déficit público, para lo cual ha convocado a las comunidades autónomas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) del próximo jueves.

¿A qué emprendedores se refiere? ¿A las PYME y a los autónomos? ¿Sería descabellado pedir que las ganancias de la rescatada Banca fuesen a parar también a aquellos emprendedores que no generan empleo? Me refiero a los buenos estudiantes; a los padres abnegados; a quienes han luchado y han perdido; a los funcionarios competentes, es decir a todos aquellos que emprenden con resolución acciones dificultosas.

El uso del término, consciente o no, cumple una función doble. Por un lado impide que se precise en qué consiste ayudar a los ‘emprendedores’ y por otro lado margina a quien está en una situación de exclusión al trasladarle la responsabilidad de su situación. Hay quien incluso se permite, desde de una posición sosegada, pedir optimismo y no dejarse llevar por la melancolía. Es como decirle a aquel que está en paro que es un paria que no ha sabido cómo hacer marketing de sí mismo con una actitud ‘proactiva’ y que con melancolía no se sale de la crisis.

Si que es verdad que las responsabilidades siempre se tienen que repartir. La crisis no es sólo una crisis del sistema financiero provocada por la caída de la burbuja inmobiliaria. La crisis es una crisis de modelo social del que todos formamos parte. De la crisis económica quizás salgamos fomentando a los ‘emprendedores’, sean estos quien sean. Pero de la crisis de modelo social no saldremos sin una actitud crítica amplia que obligue a revisar todo los puntos sociales e individuales sobre los que se ha construido la realidad en la que vivimos.

Edward Gibbon en su Historia de la caída y decadencia del imperio romano, aseguraba que el ocaso de dicho imperio se debía a la conjunción de barbarie y religión. Hoy la religión es la bursátil y la barbarie la vivimos cada día. Hay quien agora la caída de Europa y, visto lo visto, quizás sea la única manera de que algo nuevo pueda emerger.

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Esta entrada fue publicada en julio 10, 2012 por en Notas y etiquetada con , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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