Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Oporto y Lisboa entre letras


Fui a Oporto el jueves de la semana pasada tras ser invitado a un espectáculo llamado ‘Quintas da leitura‘. Un profesor del proyecto en el que trabajo presentaba a un poeta en una actividad cultural que combinaba música, poesía y teoría. Durante el viaje a la ciudad de los ‘tripeiros’ recuerdo que pensé en una anécdota que me contó Vila-Matas después de una entrevista en la que le había confesado mi pasión por Pessoa. El escritor me dijo que su primer editor portugués, que había muerto joven, lo había llevado a descubrir el país en coche y en la desembocadura del Duero le dijo: ‘ves que maravilla’ a lo que Vila-Matas respondió ‘no veo nada. Es de noche. Pero tu entusiasmo me lleva a creerte’. Recordé esa anécdota porque uno de los integrantes del grupo que iba a ver, A Naifa, también había muerto joven. João Aguardela había reformulado la tradición musical del país en busca de una identidad que nacía de sus raíces para ser reconstruida por las nuevas tecnologías, es decir, fusionaba fado y pop. En aquellas casualidades que me gusta forzar, durante el viaje tampoco vi nada del exterior.

Álvaro - Domingues

Foto: Sara Moutinho

Una vez en el teatro escuchamos a A Naifa y me dejé llevar por una música melancólica que me susurraba saudades y me presentaba una de las máscaras portuguesas. Después de la música fue el turno de un pelotón de ciclistas encabezado por Álvaro Domingues que, a través del análisis de fotografías tomadas por todo Portugal conseguía establecer un mapa del país.

A Rua da Estrada é uma coisa mal-amada pela mesma razão de muitas outras coisas cuja identidade é flutuante…

La exposición de Domingues, entre cómica y genial, ahondó en aquello que hoy se entiende como portugués analizando la simbología urbana de un país fluctuante.

Osvaldo Silvestre - Rui Lage

Foto: Sara Moutinho

Después fue el turno de Rui Lage, que fue presentado por Osvaldo Silvestre. El listón estaba alto y por un momento creí que no conseguirían mantener la misma intensidad de las dos intervenciones anteriores. Por suerte me equivoque. Portugal es un país increíble. Cientos de personas que llenaban el teatro escucharon, no sólo con atención, sino también con entusiasmo, como Osvaldo presentaba al joven poeta Lage dando una pequeña clase de teoría literaria. Nunca había asistido a un concierto de pop, a un monólogo genial sobre paisaje urbano y a una clase de teoría y lectura de poesía en un mismo espectáculo. Por sorprendente que parezca, la fórmula resultó y no fue fruto del entusiasmo, como el que le trasmitió el editor a Vila-Matas que lo llevó a creer en lo que le decía su amigo, sino del discurso que sostenía todas las intervenciones: la búsqueda de una identidad entre lo que fue, lo que es y lo que podría ser.

IMAG2758

Foto:DG

Dos días después fui a Lisboa como lo hice siempre, atraído por la promesa de literatura. Esta ocasión la excusa la brindó un amigo, Pablo Javier Pérez López, y la presentación de su primer poemario, ‘Oscuro suave’. Semanas antes lo había entrevistado para Revista de Letras. Me había llegado a decir que “la poesía te enseña que el mundo es aquello que tú consigues ver con los ojos de los demás, lo que encuentras en los demás mientras buscas tu rostro perdido”.

La presentación del poemario estuvo a cargo de Duarte Braga. En un teatro en los arrabales de Lisboa Pablo ofreció su trabajo en portugués y español. A día de hoy aún no sabría decir en qué lengua sonaba mejor, porque Pablo hace tiempo que no es ni español ni portugués, es ibérico como a él le gusta defender. Poco después, la poesía salió del teatro a las calles y tuvimos pan y poesía sobre el mantel de un bar.

Al poco, nos dirigimos a pie a la Alfama y la noche continúo entre risas, música y surrealismo. Recuerdo a uno de los nuestros cantando ‘O mio babbino caro’ en medio de la calle. Recuerdo al dueño del bar Martinho da Arcada hablarnos primero de Pessoa y después de las mujeres con las que había estado tras invitarnos a un oporto. Recuerdo a dos fineses drogados interrogarnos desde la más absoluta ignorancia por la crisis. Recuerdo música en un bar clandestino. Recuerdo la vuelta a la pensión en el Rossio. Y recuerdo que pensé en una mujer.

De vuelta a Coimbra grabé del poemario a modo de mantra ‘sólo en el silencio somos auténticos’, mientras recordaba el artículo de Sontag y a Cage. En aquel momento pensé que la literatura era silencio. Silencio de aquel que escribe, silencio de aquel que lee, silencio de aquel que interpreta. Un silencio hecho del resonar de las teclas, de las hojas al pasar, del pensamiento al discurrir, de las quintas da leitura y de Lisboa, que tampoco se acaba nunca.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en junio 27, 2013 por en Escritos y etiquetada con , , , , , , , , , , , .

En Twitter

Enter your email address to follow this blog and receive notifications of new posts by email.

De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
A %d blogueros les gusta esto: