Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Pessoa, Borges y los selfies


‘Nobody Likes You’, Grafiti atribuido al artista Banksy. Para Freud el narcisismo sería el proceso por el que la libido se dirige hacia uno mismo. Una temprana fase del desarrollo de las personas en las que el amor a uno mismo es la antesala del amor al otro.

Debo a la conjunción del selfie con Pessoa y Borges este nuevo devaneo ecléctico. Hace un año relacioné en este blog a ambos escritores a través del espejo y con dos frases que resumen parte de su poética. En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” el argentino cita a Bioy Casares que afirma que los espejos y la cópula son abominables, pues ambos reproducen al hombre. Soares, en el Livro do Desassossego, afirma que el creador del espejo envenenó al alma humana. Esta mañana llegó, a la orilla de mi ventana al mundo que es twitter, la noticia de un espejo que toma selfies y, arrastrado por el juego especular, pensé en la realción entre la imagen, la palabra y la representación.

El pasado mes tuve el honor de coorganizar y participar en un encuentro dedicado a Pessoa y a Borges en la Casa Fernando Pessoa de Lisboa. Allí hablé de la relación de ambos autores con Berkeley y, citando la retoricidad del lenguaje de De Man, expuse que el lenguaje funciona como una construcción estética sobre la realidad que en el caso de ambos autores torna real su relación con el mundo.

Si, como anuncia Berkeley, del mundo sólo tenemos sensaciones vehiculadas a través de la percepción, entonces, la existencia de la realidad y de los otros no se puede justificar más allá de nuestra subjetividad.  Una de las conclusiones más evidentes de este racionamiento es el solipsismo. El filósofo apela a Dios como garantía de las cosas y del otro. De ahí que Borges diga que “el Dios de Berkeley es un ubicuo espectador cuyo fin es dar coherencia al mundo”.

En Pessoa y en Borges, el solipsismo, la falta de comunión con lo real y los otros, es un tema recurrente. Así, el escritor Alan Pauls afirma, en El factor Borges, que la vida del escritor argentino “es una vida puramente «literaria», una existencia cortada de la acción, hecha apenas de palabras y de signos, encerrada en sí misma: una vida autista”.  Así, Octavio Paz, en el inicio del capítulo dedicado a Pessoa en Cuadrivio, afirma que la historia de aquél “podría reducirse al tránsito entre la irrealidad de su vida cotidiana y la realidad de sus ficciones”.

De forma paralela, y también a través de este medio, sugerí que la fotografía funciona de forma similar. Es una operación estética sobre la realidad en la que no se retrata al mundo sino que se pone de manifiesto el lugar desde donde el mundo es observado al tiempo que se crea realidad. ¿Qué operación estética se produce con el selfie? ¿Qué habrían dicho los dos escritores ante esta vuelta de tuerca narcisista?

Foi num mar interior que o rio da minha vida findou. À roda do meu solar sonhado todas as árvores estavam no outono. Esta paisagem circular é a coroa-de-espinhos da minha alma. Os momentos mais felizes da minha vida foram sonhos, e sonhos de tristeza, e eu via-me nos lagos deles como um Narciso cego que gozou a frescura próximo da água, sentindo-se debruçado nela, por uma visão anterior e nocturna, segredada às emoções abstractas, vivida nos recantos da imaginação com um cuidado materno em preferir-se. (FP, LdoD)

Tanto en Borges como en Pessoa, el lenguaje estructura estéticamente aquello a lo que no podemos acceder. El sueño como construcción a través de la escritura. Demiurgos de las cosas en palabras.

Los espejos (JLB)

Yo que sentí el horror de los espejos
no sólo ante el cristal impenetrable
donde acaba y empieza, inhabitable,
un imposible espacio de reflejos

sino ante el agua especular que imita
el otro azul en su profundo cielo
que a veces raya el ilusorio vuelo
del ave inversa o que un temblor agita

[…]

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso no alarman.

Sentir que somos reflejo y vanidad. Para Freud el narcisismo sería el proceso por el que la libido se dirige hacia uno mismo. Una temprana fase del desarrollo de las personas en las que el amor a uno mismo es la antesala del amor al otro. De ahí que el Aviso de derrumbe al que apuntaba Byung-Chul Han en El País:

La depresión es una enfermedad narcisista. El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro y ese narcisismo lleva a la depresión, comporta la pérdida del sentido del eros. Dejamos de percibir la mirada del otro […]. La forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia”, sostiene. “Porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos.

[…]

Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate.

La pregunta es saber si somos capaces de superar esta fase de desarrollo narcisita, ver al otro y cómo hacerlo. En Encuentro con el otro, Kapuscinski define tres maneras de acercarse al desconocido: intentando eliminarlo, aislándose o abriéndose a él. Kapuscinski aboga por la tercera fórmula como única manera de auto conocimiento de lo humano que hay en nosotros a través del otro y de su mirada, en una visión completamente diferente del infierno sartreano. En dicho libro, Kapuscinski cita a Conrad, precisamente una frase de El Negro del Narcissus, en la que apela a no perder el

halo de misterio que rodea nuestras vidas, a nuestra capacidad de sentir compasión, de apreciar la belleza y experimentar dolor, al sentimiento que nos vincula con toda la creación; y a la convicción sutil, pero invencible, de la solidaridad que une la soledad de innumerables corazones: a esa solidaridad en los sueños, en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor, que relaciona cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad, los muertos con los vivos, y los vivos con aquellos que aún han de nacer”.

En la introducción, Conrad dice que todo arte se puede definir como un obstinado esfuerzo por intentar describir el mundo lo más fielmente posible. Este punto está en contraposición a lo expuesto sobre Pessoa y Borges, para los que la verdad no está ahí fuera para ser descubierta, sino que ha de ser velada con letras en aras de formarla. Lo que subyace es entender la relación entre epistemología e ideología que Nietzsche supo resumir de forma admirable con la máxima que dice que “la verdad es un ejército móvil de metáforas”. Lo que nos lleva, en cierta forma, a la tesis del fin de la historia de Fukuyama: ¿hay oposición ideológica que permita un cambio? Así, ¿somos, y cómo, capaces de esa solidaridad en los sueños, en el placer, en la tristeza, en los anhelos, en las ilusiones, en la esperanza y el temor, que relaciona cada hombre con su prójimo y mancomuna toda la humanidad? De ser el selfie una construcción de la realidad, ¿qué representa? Resulta conveniente volver a citar a Nietzsche:

Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

Echo_and_Narcissus

 

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Un comentario el “Pessoa, Borges y los selfies

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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