Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

La sospecha general y borrosa del enigma del tiempo


Otro marConjeturaba Borges en Nueva Refutación del Tiempo que admitidos los argumentos idealistas era posible, y tal vez ineludible, ir más allá. Ya que, “negadas la materia y el espíritu, que son continuidades, negado también el espacio, no sé con qué derecho retendremos esa continuidad que es el tiempo. Fuera de cada percepción (actual o conjetural) no existe la materia; fuera de cada estado mental no existe el espíritu; tampoco el tiempo existirá fuera de cada instante presente”. Pensé en este argumento en la Casa Fernando Pessoa el pasado 4 de febrero cuando Eduardo Lourenço, refiriéndose a la obra del escritor portugués, de la que sostuvo que no podría decir nada que no fuese una repetición, comentó que la temporalidad no es aquello que define al hombre.

El escritor argentino, después de Berkeley y de Hume, cuestiona que haya una temporalidad ajena a la subjetividad: “si el tiempo es un proceso mental ¿cómo pueden compartirlo millares de hombres, o aun dos hombres distintos?”. El soliloquio va más lejos, ya que termina por dudar de la identidad. Así, finalmente, por la dialéctica de Berkeley y de Hume, llega al dictamen de Schopenhauer: “La forma de la aparición de la voluntad es sólo el presente, no el pasado ni el porvenir; éstos no existen más que para el concepto y por el encadenamiento de la conciencia, sometida al principio de razón. Nadie ha vivido en el pasado, nadie vivirá en el futuro: el presente es la forma de toda vida, es una posesión que ningún mal puede arrebatarle… El tiempo es como un círculo que girara infinitamente: el arco que desciende es el pasado, el que asciende es el porvenir; arriba, hay un punto indivisible que toca la tangente y es el ahora. Inmóvil como la tangente, ese inextenso punto marca el contacto del objeto, cuya forma es el tiempo, con el sujeto, que carece de forma, porque no pertenece a lo conocible y es previa condición del conocimiento”.

En términos similares escribe Magris en Un altro mare que saber situarse en el presente es navegar por el mar sin buscar temerosos el puerto y sin empobrecer la vida con el miedo a perderla. La sentencia, en la ficción del italiano, es expresada por Carlo Michelstaedter, que en La persuasione e la rettorica escribió que “sé que quiero y no tengo nada que querer. Un peso pende de un gancho, y por pender sufre y no puede descender: no puede librarse del gancho porque todo lo que es peso pende y cuanto pende depende”. Pensaba en estas referencias cuando oía a Lourenço y me preguntaba si la temporalidad que no precisó era de la misma índole que la de los escritores y filósofos citados. “Tantas cosas nos atraen hacia el futuro, pero en vano queremos poseerlas en el presente”, apuntó Michelstaedter. Por lo que, ante la sospecha general y borrosa del enigma del tiempo, me pregunto si realmente llegamos a habitar algún presente, por ejemplo, engañando a la muerte entre las cuatro paredes de un cuarto de alquiler o persiguiendo el ocaso en una ciudad cualquiera.

En el coloquio del día 4, Lourenço describió el Livro do Desassossego como un libro poema consagrado a nuestra inconsitencia. Allí Pessoa escribió: “este escritório sórdido até à sua medula de gente, este quarto mensalmente alugado onde nada acontece senão viver um morto, […], esta inutilidade trabalhosa de todos os dias iguais, esta repetição pegada das mesmas personagens, como um drama que consiste apenas no cenário, e o cenário estivesse às avessas…”. Porque el horror, como escribe Borges en “El amenazado”, es vivir en lo sucesivo. La respuesta tal vez está en escapar a la repetición, en la belleza fugaz que eterniza la aporía que nos constituye.

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Un comentario el “La sospecha general y borrosa del enigma del tiempo

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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