Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Monstruos privados de sentido


TiempoHablaba sobre los manuscritos de Fernando Pessoa con un conocido que me manifestó que, a pesar de que las digitalizaciones pueden hasta mejorar la lectura de los originales y más allá del texto, el papel aún mantenía cierta información exclusiva en los restos conservados de un tiempo desaparecido. Secundaba, así, la tesis de Heidegger que dice que la escritura a mano posee algo esencial que la reproducción técnica no consigue transmitir: “en la escritura a máquina, todos los hombres parecen iguales”.(1) La inscripción a mano como acto fundador que escapa a la indiferencia del tiempo y que registra supuestamente algo más que letras. Platón, sin entrar en su condena a la escritura en el Fedro,(2) en El Banquete sostiene que la inmortalidad se da en la generación y en la procreación de la belleza. ¿Será esa una forma de intentar burlar el paso del tiempo o como escribe Borges en Las cosas, estas no sabrán que nos hemos ido, durarán más allá del olvido?

En Instrucciones para dar cuerda al reloj, Julio Cortázar escribe:

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Después de la charla pensé en la mano que lleva el reloj y en las primeras páginas de Tokyo Blues de Murakami en que el protagonista queda transpuesto tras oír una versión de Norwegian Wood de los Beatles que lo lleva a revivir un tiempo desaparecido. Una melodía y una letra como detonantes. Evocamos, entre el olvido y el fingimiento,(3) para moldear sentidos que nos digan quiénes somos en un presente inefable, aporía entre el instante, la reconstrucción y la proyección, en el que se abre plazo para sujetar el reloj y devenir siempre otro. Al contrario de lo que afirma Pessoa,(4) hay nobleza en esta lucidez que presenta talvez no una resurrección días después y sí una refabulación que puede llegar a ser monstruosa.(5)

En La mano de Heidegger, Derrida cita un poema de Hölderlin analizado por el filósofo alemán y que dice algo así como que “nosotros somos un monstruo privado de sentido/ Estamos fuera del dolor/ Y casi hemos perdido/ La lengua en el extranjero”. El francés se pregunta si ese nosotros, el monstruo, es el hombre. La especificidad de la mano está en el abismo que se abre entre la palabra y el pensamiento. La mano, así, manifiesta lo que está oculto en su relación con la palabra, mostrando y escribiendo: “haciendo signo, unos signos que muestran, o más bien dando a esos signos a esos “monstruos” unas formas que se llaman escritura”. Esto es, en palabras de De Man, la escritura desfigura pero encuentra en el fracaso su culminación estética.

Pessoa_LdoD

2-76

Devaneo con el pensamiento, y estoy seguro de que esto que escribo ya lo he escrito. Lo recuerdo. Y pregunto al que en mí presume de ser si no habrá en el platonismo de las sensaciones otra anamnesis más inclinada, otro recuerdo de una vida anterior que apenas sea de esta vida…

Dios mío, Dios mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre mí y mí? [Fernando Pessoa]

Havelock sostiene, en La musa aprende a escribir, que la “personalidad” fue un descubrimiento socrático. La mayéutica socrática dependía de la escritura como aislamiento del lenguaje con respecto a la persona que lo pronunciaba. En la medida que separados, quien usaba el lenguaje devenía la “personalidad” que podía dar cuenta de su existencia (del lenguaje y de la propia). Volviendo a la resurrección y la fabulación, ese espacio que se abre entre esos otros es un espacio (lenguaje y pensamiento) en que se aísla el lenguaje y la “personalidad” que lo profiere para continuar creando. De ahí que en la escritura llame a la otredad. El medio da los ornamentos con que vestimos esos otros entre los intervalos de búsqueda del sentido al que estamos privados.

 ——–

(1) Heidegger en el Parménides: “Sólo de la palabra y con la palabra ha nacido la mano. El hombre no tiene manos, sino que es la mano la que tiene íntimamente la esencia del hombre, porque la palabra, como ámbito esencial de la mano, es el fundamento esencial del hombre. La palabra, en cuanto aquello que se muestra a la mirada, es la palabra escrita, es decir, la escritura. Pero la palabra en cuanto escritura es el manuscrito”

(2) Paltón en el Fedro: “Así pues, el que piensa que ha dejado un arte por escrito, y, de la misma manera,el  que lo recibe como algo que será claro y firme por el hecho de estar en letras,rebosa ingenuidad y, en realidad,desconoce la predicción de Ammón, creyendo que las palabras escritas son algo más,para el que las sabe, que un recordatorio de aquellas cosas sobre las que versa la escritura.”

(3) Maria Teresa Schiappa de Azevedo en Rostos de Pessoa: “Fingo, -is, -ere es de hecho el término técnico consagrado en el Ars Poética de Horacio para “crear”, “moldear”, “representar”; pero es también el mismo término que el lenguaje corriente desvirtuó por via de un implícito juicio de realidad, de forma parecida a lo que ocurre en el griego con hypokrites (“actor” y “hipócrita”); ya en el Ars Poética el uso del participio substantivado fictum (“obra de arte” y “ficción”) insinúa constantemente esa duplicidad; y el ciclo se cierra, aún en Horacio, con el empleo, y consecuente valorización estética y ontológica, de un concepto como el de mentiri, asociado a la creación artística (sinónimo de fingere): itaque ita mentitur, sic falsis remiscet / primo ne medium, medio ne discrepet imum (y así de tal modo crea ficciones y mezcla lo verdadero con lo falso, que ni el medio desentona del principio ni el fin del medio)”.

(4) Diário Lúcido en el Livro do Desassossego.

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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