Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Lecturas sobre escritura y obra


Mar(i) “O escritor sério deve pensar mil vezes antes de se pôr a escrever. De preferência, como efeito de ter pensado seriamente no assunto, deve inclinar-se a não fazê-lo. Não admira, deste ponto de vista, que um pensador sério como Giorgio Agamben, imagine que Bartleby, o escrivão que se recusa a escrever, seja o melhor exemplo de um escritor que conhece a sua contingência e não abusa de sua condição fazendo o que faria melhor desde que não o fizesse. Quer dizer, quanto melhor fosse potencialmente o escritor, menos poderia sê-lo em ato, por absoluto pudor de tornar-se apenas um cotejador e copiador de uma montanha de outros escritos, já produzidos, sem senso nem motivo a não ser o de girar a própria engrenagem burocrática de escrever”. (Alcir Pécora, O inconfessável: escrever não é preciso). (1)

(ii) “El artista que no produce por propia elección adopta una posición intermedia, entre el martiriologio de los vanguardiastas y el mayorista de ultramarinos de los subexpresionismo. No producir no equivale a reinyectar aura por defecto, sino a procurar plantearse la posibilidad de no poner manos a la obra sin que ello condene al artista al desencanto”. (Jean-Yves Jouannais, Artistas sin obra).

(iii) “Claro que las opiniones importan mucho, pero la mejor no sirve de nada si no hace algo útil de quienes las tengan. La mejor tendencia es falsa si no enseña la actitud con la que debe ser seguida. Y dicha actitud sólo la puede enseñar el escritor cuando hace algo: a saber, escribiendo. La tendencia es la condición necesaria, pero jamás suficiente, de una función organizadora de las obras. Esta exige además el comportamiento orientador e instructivo del que escribe. Y eso hay que exigirlo hoy más que nunca. Un autor que no enseñe a los escritores, no enseña a nadie. Resulta, pues, decisivo el carácter modelo de la producción, que en, primer lugar, instruye a otros productores en la producción y que, en segundo lugar, es capaz de poner a su disposición un aparato mejorado. Y dicho aparato será tanto mejor cuanto más consumidores lleve a la producción, en una palabra, si está en situación de hacer de los lectores o de los espectadores colaboradores”. (Walter Benjamin, El autor como productor).

(iv) “O único destino nobre de um escritor que se publica é não ter uma celebridade que mereça. Mas o verdadeiro destino nobre é o do escritor que não se publica. Não digo que não escreva, porque esse não é escritor. Digo do que por natureza escreve, e por condição espiritual não oferece o que escreve”.

“Escrever é objectivar sonhos, é criar um mundo exterior para prémio (?) evidente da nossa índole de criadores. Publicar é dar esse mundo exterior aos outros; mas para quê, se o mundo exterior comum a nós e a eles é o «mundo exterior» real, o da matéria, o mundo visível e tangível. Que têm os outros com o universo que há em mim? (Fernando Pessoa, Livro do Desassossego). (2)

(v) Os meninos bonitos estão lá, no meio da névoa cerrada do presente sem futuro, pintando freneticamente de luz as sombras de sono e banalidade de que são feitos. Com seu farol tingido, asseguram aos passantes que tudo vai bem, que aquele mar não é abismo, que aquele poço tem fundo, que novos grandes autores estão surgindo naturalmente, que novas obras-primas continuam a ser geradas, e até que a literatura de “nosso país” é fecunda e pujante”. (Alcir Pécora, O inconfessável: escrever não é preciso). (3)

(vi) “Escrever, sim, é perder-me, mas todos se perdem, porque tudo é perda. Porém eu perco-me sem alegria, não como o rio na foz para que nasceu incógnito, mas como o lago feito na praia pela maré alta, e cuja água sumida nunca mais regressa ao mar”. (Fernando Pessoa, Livro do Desassossego). (4)

——–

(1) El escritor serio debe pensar mil veces antes de ponerse a escribir. Preferiblemente, como efecto de haber pensado seriamente en el asunto, debe inclinarse a no hacerlo. No sorprende, desde este punto de vista, que un pensador serio como Giorgio Agambem, imagine que Bartleby, el escribiente que se recusa a escribir, sea el mejor ejemplo de un escritor que conoce su contingencia y no abusa de su condición haciendo lo que haría mejor desde que no lo hiciese. Quiere decir, cuanto mejor fuese potencialmente el escritor, menos podría serlo en acto, por absoluto pudor de volverse apenas un cotejador y copiador de una montaña de otros escritos, ya producidos, sim sentido ni motivo a no ser el de girar el proprio engranaje burocrático de escribir.

(2) El único destino noble de un escritor publicado es no tener una celebridad que se merezca. Pero el verdadero destino noble es el del escritor que no es publicado. No digo que no escriba, porque entonces no sería escritor. Digo del que escribe por naturaleza y por condición espiritual no entrega lo que escribe.

Escribir es objetivar sueños, es crear un mundo exterior como premio (?) evidente de nuestra vocación de creadores. Publicar es dar ese mundo exterior a los demás; pero ¿para qué, si el mundo exterior común a nosotros y a ellos es el «mundo exterior» real, el de la materia, el mundo visible y tangible? ¿Qué tienen que ver los demás con el universo que hay en mí?

(3) Los niños bonitos están ahí, en el medio de la niebla cerrada del presente sin futuro, pintando frenéticamente de luz las sombras de sueño y banalidad de que están hechos. Con su faro teñido, aseguran a los paseantes que todo va bien, que aquel mar no es abismo, que aquel pozo tiene fondo, que nuevos grandes autores están surgiendo naturalmente, que nuevas obras primas continúan a ser producidas, y hasta que la literatura de “nuestro país” es fecunda y pujante.

(4) Escribir, sí, es perderme, pero todos se pierden, porque todo es pérdida. Sin embargo yo, me pierdo sin alegría, no como el río en la desembocadura para la que nació sin saberlo, sino como el lago formado en la playa por la marea alta, y cuya agua perdida no vuelve más al mar.

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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