Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Espectros de Sebald


IMG_0346Era un día cubierto por una fina capa de nubes cuando, a finales de abril, fui a la exposición dedicada a W.G. Sebald en el CCCB de Barcelona. Acababa de llegar de Coimbra, donde días atrás había hablado con una amiga sobre los fantasmas que parecen habitarnos, por lo que recordé un texto de Javier Marías en el que el escritor analiza las similitudes entre el verbo inglés to haunt y el verbo francés hanter y cuyo campo semántico incluiría aquello que acontece con los lugares y las personas que son acechadas o frecuentadas por fantasmas. Según Marías la palabra también implica cierto encantamiento y su etimología estaría relacionada con habitar y morar: “Tal vez el vínculo se limitara a eso, a una especie de encantamiento o haunting, que si bien se mira no es otra cosa que la condenación del recuerdo, de que los hechos y las personas recurran y se aparezcan indefinidamente y no cesen del todo ni pasen del todo ni nos abandonen del todo nunca, y a partir de un momento moren o habiten en nuestra cabeza, en la vigilia o el sueño, se queden allí alojados a falta de lugares más confortables, debatiéndose contra su disolución y queriendo encarnarse en lo único que les resta para conservar la vigencia y el trato, la repetición o reverberación infinita de lo que una vez hicieron o de lo que tuvo lugar un día: infinita, pero cada vez más cansada y tenue”.

Así, con la repetición o reverberación infinita de lo que una vez hicieron o de lo que tuvo lugar un día, entré en la exposición que, bajo el título de Las variaciones Sebald, parecía armonizar con el estado de ánimo con el que asistía a la muestra sin saber si era para ser exorcizado o reencantado. Una de las primeras citas que se pueden leer en la muestra comisariada por Jorge Carrión apunta a la forma en que la escritura del autor de Del natural funciona: “El cerebro trabaja de continuo/ con algunas huellas, por débiles/ que sean, de autoorganización,/ y a veces de ello surge/ un orden.” En un sentido similar Ennio Flaiano, en su Diario de los errores, cita a Jean Cocteau e impele a que, dado que estos misterios nos superan, finjamos ser sus organizadores. Para el mismo escritor italiano, hay un curso de las cosas que no es enjuiciable.

En la organizada incógnita que era la sala, los asistentes seguían al comisario en una visita guiada. De aquel grupo dispar me llamó la atención una turista que comenzó a hacer fotografías a elementos ajenos a la misma muestra, como por ejemplo las señales de salida del museo. Pensé en el granero más fotografiado del mundo que aparece en Ruido de fondo de Don Delillo y me pregunté si, al sorprenderme con la turista, no sería como aquellos que sacan fotos a los que sacan fotos. ¿No serían los flashes las luces aisladas en el abismo de la ignorancia a las que se refiere Sebald al hablar de Thomas Browne?: “Por eso no podemos escribir nuestra filosofía más que en pequeñas letras, en las abreviaturas y los taquigramas de la naturaleza transitoria, sobre los que únicamente asoma un destello de eternidad”.

Las débiles huellas o los débiles destellos, en todo caso, me llevaron antes a Fernando Pessoa que a Delillo por tener presente un texto citado por Paulo de Medeiros en O Silêncio das Sereias y en el que se analiza la espectralidad de la figura y de la obra pessoana en un capítulo llamado Fantasmas. Se cita el texto Marcha Fúnebre para o Rei Luís de Baviera: “Me mostró cómo el sueño no consuela, porque la vida duele más cuando se despierta. Me mostró cómo el sueño no descansa, porque lo habitan fantasmas, sombras de cosas, restos de los gestos, embriones muertos de los deseos, despojos del naufragio de vivir”. Esa reverberación de las sombras se sucede con mayor frecuencia de lo que sospechamos según Sebald: “porque todos nos movemos, uno tras otro, a lo largo de las mismas calles designadas por nuestra procedencia y nuestras esperanzas, mi razón es incapaz contra los fantasmas de la repetición que cada vez más a menudo vagan dentro de mí”. Como si caminásemos por esas calles con la suela ajada por el alquitrán del pasado tras pactar una cotidianidad con lo extinto. De vuelta a las variaciones, asistí, dentro del Teatro Sebald, a la proyección de una conferencia del escritor de 2001 en el Unterberg Poetry Centre de Estados Unidos junto a Susan Sontag. La imagen de ambos escritores tenía algo fantasmal que encantaba y daba caza para habitar, por lo que recordé los Espectros de Marx de Jacques Derrida (hablar del fantasma, incluso al fantasma y con él) que terminaron a pasar a ser, del campo semántico al Campo Santo, los Espectros de Sebald.

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Esta entrada fue publicada en mayo 5, 2015 por en Escritores, Escritos y etiquetada con , , , , , , , , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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