Entre Fragmentos

“La vida del hombre como comentario de un hermético e inconcluso poema" V.N.

Asumir el misterio de las cosas: Pessoa, Nabokov y Coppola


IMG_0319Había una claridad y un bochorno inusuales cuando al mediodía, después de reposar en Lisboa, ascendí desde el Chiado al mirador de São Pedro de Alcântara, situado sobre la baja de la ciudad. Por haber participado no hacía mucho en una conferencia sobre Mensagem de Fernando Pessoa, impartida en una sala de la biblioteca general de la Universidad de Coimbra, que comparte nombre con la atalaya, recordé unos versos del escritor: “Ninguém sabe que coisa quer./ Ninguém conhece que alma tem,/ Nem o que é mal nem o que é bem./ (Que ânsia distante perto chora?)/ Tudo é incerto e derradeiro./ Tudo é disperso, nada é inteiro./ Ó Portugal, hoje és nevoeiro…”. De no haber asistido a la charla en que se citó el poema, ¿habría pensado y sentido lo mismo al llegar a aquel lugar que en ese momento se me antojó como la manifestación de un nebuloso recuerdo lejano? Pensé en una escena de la novela The Outsiders de S. E. Hinton que fue llevada a la pantalla en los 80 de la mano de Francis Ford Coppola y que un profesor de la Facultad de Letras de la Universidad de Coimbra utiliza para esbozar una posible definición de experiencia estética. Hay una escena en la que dos personajes huidos de la justicia contemplan la salida del sol en un alejado campo. Uno de ellos cita entonces Nothing Gold can Stay de Robert Frost y el otro responde que nunca hubiese percibido la realidad bajo esos términos de no haber oído dicho poema. Sin comprender del todo el significado del poema, y sin el cual no hubiesen tenido dicha experiencia, parecen asistir a una situación que los trasciende. Con la muerte como telón de fondo, el dilema que se plantea ante el paso del tiempo, es el tránsito de la adolescencia a la madurez y no sin la violencia que el ritual conlleva.

Por más profundo y admirable que sea el análisis de una historia, de una pieza musical o de un cuadro, sostiene Vladimir Nabokov en un ensayo sobre La Metamorfosis de Kafka, habrá siempre espíritus que resten inmutables y columnas vertebrales que permanezcan indiferentes: “«Asumir el misterio de las cosas» – lo que Lear tan sagazmente dice por Cordelia -, es lo que también sugiero a todos lo que toman en serio el arte. Roban a un pobre hombre el sobretodo (El capote, de Gógol); otro pobre tipo se transforma en un insecto (La Metamorfosis, de Kafka) – ¿y después? No hay ninguna respuesta racional para este «y después». Podemos descomponer la historia, podemos descubrir como encajan sus elementos, como una parte del esquema corresponde a otra; pero ha de haber en nosotros una determinada célula, un determinado gen, un determinado germen, que vibre en respuesta a sensaciones que no pueden ser definidas ni descartadas. Belleza más compasión – es lo máximo que nos podemos aproximar a una definición de arte. Donde hay belleza hay compasión, por la simple razón de que la belleza ha de morir: la belleza muere siempre, la forma muere con la materia, el mundo muere con el individuo”.

En el mirador recordé, entre columnas y espíritus, una observación, sin saber a quien atribuir, que dice algo así como que los edificios, desmesurados o no, ofrecen la sombra de su destrucción por lo que son concebidos desde el principio con vistas a su existencia ulterior en ruinas. Se podría decir algo similar de los edificios que la imaginación erige: la desmesura de su dimensión se explica por su proyección en ruinas. Haciendo uso de Faulkner, hay soñadores que se reservan para una desolación peor que la ruina. No hacía mucho una amiga, que preparaba un texto sobre la melancolía en Álvaro de Campos para una conferencia, me comentó que lo crucial era la disposición que llevaba a percibir la realidad de una determinada forma. En el caso de los melancólicos, esta disposición se balanceaba entre la voluntad de vida y la constatación de la falta de sentidos. La escritura sería la forma de tender un puente entre ambos polos. Pensé en el tiempo y en que quizás la melancolía también es la constatación de nuestra finitud y la certeza de que la belleza muere, de que no hay una respuesta racional para ese «y después».

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Un comentario el “Asumir el misterio de las cosas: Pessoa, Nabokov y Coppola

  1. D. Giménez
    junio 3, 2015

    Obrigado, Marta!

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Esta entrada fue publicada en junio 2, 2015 por en Escritos y etiquetada con , , , , , , , , , .

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De la misma manera que el narrador de Pálido fuego apuntaba: nuestro poeta sugiere aquí que la vida humana no es sino una serie de notas a pie de página de una vasta y oscura obra maestra inconclusa,Entre Fragmentos nace como un espacio de reflexión interdisciplinar. Diego Giménez.
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